viernes, 22 de octubre de 2010

EL TIEMPO DE LOS ARBOLES


Los relojes siempre han formado parte de nuestras vidas.
Con ellos hemos intentado medir el tiempo para organizar las labores diarias, tiempo para controlar la cocción de los alimentos, tiempo para quedar con los amigos, tiempo para ir de vacaciones....etc.

La historia conocida parece comenzar con Nemrod, nieto de Moises, allá en los tiempos hace más de 2000 años.
Nemrod clavó un palo en el suelo y con la sombra que se trasladaba alrededor del mismo, calculaba el tiempo.

Mas tarde apareció la CLEPSIDRA o VITRUBIO, que data de la antiguedad egipcia 1530 antes de Cristo.
Se comenzaron a utilizar para medir el tiempo por la noche, puesto que los reloj de sol no se podían utilizar.
Consistía en una vasija de barro que se llenaba hasta un determinado nivel y que disponía de un agujero por el que salia el agua con una velocidad determinada.
En Roma se empleaba para medir el tiempo en que un abogado u orador tenía la palabra.
Cuenta la historia que un prisionero romano salvó su vida porque, cuando estaba siendo juzgado, cayó una piedrecita en la clepsidra haciendo que el tiempo transcurriese más despacio y dando tiempo a su abogado para presentar pruebas que demostraban su inocencia.

Después apareció el llamado "Reloj del Monje", con el cual un monje medía el tiempo en función de las páginas que leía de un libro. Cuando el monje terminaba de leer un número determinado de páginas, hacía sonar las campanas de la iglesia.
A finales del siglo VIII un monje de Chantres recuperó el arte de soplar el vídrio dando lugar al Reloj de Arena.

Galileo Galiley en 1583, con 18 años, pensó en la precisión que el péndulo podría dar a un reloj.
Christian Huygens consiguió dar forma al sueño de Galileo aplicando con éxito el péndulo al reloj en 1657.

El primer reloj en España se ubicó en Barcelona en 1393, en la torre de la catedral y se le llamó "seny de les hores". El de Sevilla data de 1396.


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