lunes, 18 de octubre de 2010

ARROYOS DEL SUBCONSCIENTE



Desde muy pequeña la observación de las cosas que sucedían en mi alrededor y el conocimiento de mis padres sobre el medio ambiente me ayudaron a conocer más de cerca el sentido de la naturaleza. Las formas naturales, libres de toda línea acotada, y la fluidez en cada ser, me enseñaron a valorar la importancia de la existencia, la variedad de la expresión natural en todas su dimensiones aglutinándose en una unidad perfecta, el mundo, como parte del universo.

El mundo en el que cada cosa y cada ser son insustituibles aunque no imprescindibles; en el que la vida y la muerte son la misma cosa; la noche y el día suceden al mismo tiempo y el pasado y el futuro son el propio presente.

Desde muy pequeña, todo tipo de expresión humana, dibujo, pintura, ballet, danza, música...etc., eran atractivos que no podía ignorar y que me transportaban a lo más profundo de mí misma...mi propia alma.

Un alma que empezaba a descubrir y que debía alimentar para que creciese y viviese.

Más tarde grandes artistas como Miguel Angel, El Greco, Rodín, Picaso y Dalí, por citar algunos, fueron puntos muy importantes en mi reflexión para decidirme a expresar todas mis emociones.

Así la figura humana de Miguel Angel, con tanta fuerza expresiva y sensibilidad al mismo tiempo, marcaron mi inclinación a expresar el cuerpo humano desde mi más humilde creatividad artística en comparación con el gran maestro.

Mi obra recorre un camino de aprendizaje que marca mi evolución desde la escultura propiamente dicha, hasta los murales de alto y bajo relieve, de grande y pequeño formato, estableciendo un gran interés por la forma sobre el color en unas obras, así como el color sobre la forma en otras.

El material es dúctil y manejable permitiéndome experimentar continuamente expresiones sin límite.

Este fantástico elemento, la tierra, es el origen de la vida y es el fundamento de cada una de las obras que surgen de mis manos cuyo soplo de vida queda a merced de los espectadores.

Reuniendo los cuatro elementos, agua, tierra, aire y fuego obtenemos como resultado una obra original, ofreciendo de este modo una parte de mi misma que modelando y acariciando el barro quiere expresarse como si fuera un pequeño dios creador.

Cada obra es la esencia de un sentimiento, es un susurro de paz, es un halo de magia que en ocasiones juega con mi subconsciente y en otras con mi raciocinio, con mis temores y con mi fuerza, con mi descontento y mi perseverancia.

A veces es una protesta social que surge de mi impotencia ante el abuso del poder. Ese que algunos creen tener y que a nadie sirve, porque carece de latido. Ese que no es capaz de invitar a la convivencia, sino al distanciamiento del ser humano.

Expresar, no es fácil cuando nos sujetan esquemas sociales que nos atan de pies y manos.

Mi obra es el resultado del crecimiento personal basado en el aprendizaje y en el entendimiento razonado de mi paso por esta vida. Tiene como punto de partida poner de manifiesto el uso de mis capacidades, dejando que mis propósitos fluyan libremente, utilizando todos los recursos que están a mi alacance.

La finalidad, una vez acabada la obra, es visualizar positivamente un mundo mejor cuya presentación parte de mis sentimientos, invitando al espectador a la reflexión que surge del amor al arte.

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